sábado, diciembre 26, 2009

El tonel de las Danaides o la decepción.

("Las danaides" por Jown William Waterhouse)



Las Danaides son las 50 hijas de Dánao, hermano gemelo de Egipto; ambos, hijos del mítico rey egipcio Belo y de Anquíoque. El mito de Dánao es una leyenda de fundación (o refundación) de Argos, una de las principales ciudades micénicas del Peloponeso.
A la muerte de Belo, Egipto se adueña del territorio gobernado por el padre de ambos. Tras una disputa entre ambos hermanos, Dánao se exilió junto con sus hijas a Argos, utilizando para ello un barco de cincuenta remos, construído con la ayuda de Atenea. La huida había sido aconsejada por Atenea, y como muestra de agradecimiento, las danaides edificarían en Argos un templo en su honor.
Dánao se convirtió en rey de Argos y comenzó a despertar temor en su hermano Egipto, causante de su exilio años atrás. Por eso Egipto envió a sus cincuenta hijos para lograr la reconciliación con Dánao y se casaran con sus cincuenta primas, sellando así la paz entre hermanos. Sin embargo, Dánao encargó a sus cincuenta hijas la misión de llevar una daga la noche de bodas y asesinar a sus respectivos esposos. Así lo hicieron todas menos Hipermnestra, la mayor de las danaides, que no llegó a ejecutar a su esposo, Linceo. Hipermnestra sería sometida a juicio en vida y condenada por desobedecer la orden de su padre, el rey, pero finalmente fue liberada por Afrodita, conmovida por los enamorados.


Dánao, más tarde, para casar a sus hijas celebró unos juegos en los que la recompensa a la victoria era la mano de una de sus cuarenta y nueve hijas. Los nuevos maridos de las danaides pasarían a llamarse dánaos, y su descendencia es citada por Homero en la Ilíada.


Tras la muerte de las danaides, éstas fueron juzgadas en los Infiernos y encontradas culpables del asesinato de sus esposos. Fueron condenadas a llenar con agua un tonel que no tenía fondo. La única que se salvaría del castigo eterno sería Hipermnestra. Este doble juicio símboliza el dilema entre la obligación de obedecer y la prohibición de matar. El castigo definitivo y eterno fue el "tonel de las Danaides".


El "tonel de las Danaides" es una imagen que ha sido utilizada incluso en psiquiatría; por ejemplo Lacan habla de él en el "Envés del Psicoanálisis". Para otros es imagen gráfica de la insatisfacción producida por el sistema de consumo desmedido. Para otros es la imagen perfecta de la decepción humana, el descontento o la frustración tras los esfuerzos inútiles por alcanzar la felicidad.


"La sociedad de consumo nos condena a vivir en un estado de insuficiencia perpetua, a desear siempre más de lo que podemos comprar. Se nos aparta implacablemente del estado de plenitud, se nos tiene siempre insatisfechos, amargados por todo lo que no podemos permitirnos. Se ha dicho que el sistema del consumo comercial es un poco como "el tonel de las Danaides" que además sabe aprovechar el descontento y la frustración de todos." (G. Lipovetsky)


La era del consumo, del «hiperconsumo» […] ha modificado nuestra vida infinitamente más que todas las filosofías del siglo XX juntas. […] hoy todo o casi todo se juzga con esquemas que son los del consumo: relación calidad/precio, satisfacción/desagrado. […] Y la verdad es que nada de esto nos hace más felices. (Bertrand Richard)


Gilles Lipovetsky, en su libro aquí traído, nos recuerda una constatación universal: cuanto más ilusión, en muchas ocasiones más decepción; cuanto más elevado es el vuelo, más dura es la caída.

Pero aún es posible preguntarnos: ¿Queda espacio para la esperanza?





1 comentario:

José Luis Jorquera dijo...

Hola Tomás:
Muy buena la reflexión que nos traes hoy. Y viene en el mejor momento del año.
Confío que sí hay aún una oportunidad para la esperanza. Imagino que todos esos padres que compren regalos y más regalos en el Corte Inglés estos días serán capaces de ver más allá del dinero gastado (mejor o peor "invertido")...quizás valoren la sonrisa de sus hijos y tengan una excusa más para compartir, al menos una vez al año, de un tiempo de juego.

Muchas gracias por esta reflexión.
Feliz Navidad
José Luis